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CERRO AGUILA
¡Cerro Aguila, cerro esbelto!
majestuosa atalaya.
Que corta el viento
y a los prados guarda.
Es tan dulce tu silencio
que anidan en tí las águilas,
sobre los granitos pétreos
que orlan la comarca.
Tienes festonado el cuerpo
de tomillos y retamas;
entre encinares, enebros
y otras olorosas plantas.
En tí las rapaces lucen,
cuando persiguen la caza,
una destreza de bucles
sobre tu paz y bonanza.
¡Cerro Aguila, querido!
de serena majestad.
Cuánto gozo haber nacido
¡junto a tí, en Pelahustán!
Ese pueblo pequeñito
hecho de adobes y cal,
que me roba los sentidos:
¡hasta hacerme soñar!
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