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GOLONDRINA
A tí, golondrina errante,
que vuelas a ras del suelo,
con gala de diamante
y respetuoso vuelo.
Mi pluma quiere cantarte,
pues fuiste al Dios bueno
lo que el amor al amante,
o cual estrella es al Cielo.
Y posándote en la Cruz,
al Dios que moría allí
con tu amor le diste luz,
reduciendo su sufrir.
Mientras nosotros le matábamos
coronándole de espinas,
tú posabas a su lado
arrancándole las más dañinas.
Golondrina, negro manto,
luz de aurora reclinada,
que a Dios quisiste tanto
sin esperar regia paga.
¿Verdad que es triste vivir
esta vida feneciendo,
si llegamos a morir
apartados del Dios bueno?
Si de corona de espinas,
de un rosal caduco y viejo,
hizo amor la golondrina,
fué cual dando este consejo:
no maltrates más a Dios,
coronándole de espinas.
Obra siempre con amor
¡cual la humilde golondrina!
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