Pablo García Celada | NIDOS DE BARRO Y AMOR | Indice | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | FUENTES DE CRISTAL | Indice | b | c | d | e | f | g | h | i | Inicio
 
g
 
 
PUESTA DE SOL

Sobre hojas del otoño, muertas,
arrastradas por el aire rudo,
cae veloz el invierno crudo
abriendo sus ventanas yertas.

Hielos de temple toledano
visten y adornan las fuentes;
y de púrpura blanca, clemente,
allá se ve el perfil serrano.

El sol, cauto, se esconde ahora,
reptando por los riscos, temeroso.
Mientras surgen arroyos afanosos,
hijos de la nieve bienhechora.

Poco después se erige en reina,
brillando tras enlutado velo,
la luna, allende el cielo.
Y la noche, las estrellas peina.

La gente mientras, aterida pasa,
buscando un rincón para el amor.
Lo encuentra con cariño y calor
junto a unas modestas brasas.

 
pág. g
*




LA FLOR Y EL RIO

Una flor estaba llorando
lágrimas de rocío.
A la orillita del río
que discurría cantando.

El paisaje era nevado.
El aire gélido, frío.
El sol perdía su brío...
el día se estaba ocultando.

La rosa, en silencio, soñaba.
El río la hablaba de amor,
con cariñoso rubor...
Mientras, la noche avanzaba.

La rosa se tornó en mujer.
El río dejó de reptar,
para empezar a soñar
como el hombre suele hacer.

Y cual joven fiel, amoroso,
supo su llanto secar
con dulce cariño y amar;
el bello paisaje, frondoso.

La rosa: dejó de llorar.
El río: se sintió dichoso.
Hoy queda en aquel lugar
un hito de amor hermoso.

 
 
*